El municipio de Firgas, el más pequeño de la provincia, fue en un principio un pago de Arucas, que debido a la lejanía respecto a la parroquia matriz se administraba gracias a un alcalde real, y a partir de 1766 obtiene, como otras localidades con parroquia propia, con dos diputados y un síndico personero, que actúan con independencia de Arucas en asuntos como la solicitud de tierras realengas para la dotación de escuelas, construcción y mantenimiento de caminos o la perpetuación de la fiesta de San Roque etc.; esta situación persistió hasta mediados del siglo XIX, en 1835, fecha en la que Firgas se constituyó como municipio independiente. Una década más tarde, se creó la parroquia que tendría como advocación a un Santo que ya tenía tradición en el municipio, San Roque, patrono que se invocaba contra las epidemias y plagas tan frecuentes durante el Antiguo Régimen. Otro elemento que atestigua esa situación especial de Firgas respecto a Arucas y el sentimiento de sus habitantes de pertenecer a un núcleo diferenciado lo tenemos en los testimonios documentales y lo que nos revelan de la mentalidad de un grupo humano determinado. Así, se ve como siempre se habla de vecinos de Firgas, y no de Arucas en el pago de Firgas; estos vecinos compran y venden sus tierras o casas en se relacionan en doblamientos ubicados siempre dentro de la jurisdicción de Firgas; y además, muchos documentos recogen la mención del ayuntamiento de Firgas.
Desde 1484, estas tierras fueron colonizadas por Tomás Rodríguez de Palenzuela, que en 1506 funda la ermita de San Juan de Ortega, en torno a la que se irá poblando el lugar y en 1517 funda una capellanía sobre la misma con su hijo Gaspar Rodríguez de Palenzuela como patrono y que existe hasta 1613, fecha en la que sobre la ermita se construye el convento de San Juan de Ortega, que se convertirá en uno de los núcleos del futuro municipio. Otras personalidades destacadas en la creación de la localidad serán Martín de Andueza y la familia Tamagada, que se convirtieron en los propietarios de extensos territorios y del agua, que en este municipio se caracterizaba por ser abundante, lo que llevó a los nuevos pobladores de estas tierras a ponerlas en cultivo de forma inmediata.
No podemos olvidar que en el siglo XVI, la protagonista en el mundo agrícola canario fue la caña de azúcar, producto destinado a la exportación a mercados como los americanos, Italia o el norte de Europa. Firgas tenía el agua y la madera suficiente para el mantenimiento de los ingenios, ya que la localidad se enmarcaba en el interior del antiguo Monte de Doramas o Selva de Doramas, cuya profusa vegetación fue objeto de alabanza por los cronistas, historiadores y viajeros de la época. De esta manera, nos encontramos como en la primera mitad del siglo XVI, existen al menos tres ingenios, localizados dos en la propia Firgas y uno en Azuaje.
En 1541, don Alonso de la Barrera, funda y levanta la Ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, en el Barranco de Aumastel, para mantener las necesidades espirituales de los trabajadores de las plantaciones e ingenios azucareros.
Después de los primeros colonizadores Firgas siguió recibiendo población que conseguía las tierras gracias a las datas realizadas por el Cabildo, que se prolongaron hasta finales del XVIII y principios del XIX y cuya solicitud, según los documentos, debía realizarse ante el ayuntamiento de Firgas; o también a causa de la usurpación, las cuales fueron frecuentes en el territorio que ocupaba la Selva de Doramas.
El año 1613, fue un año importante en la Historia de Firgas, ya que el 18 de noviembre, Juan Suárez de Palenzuela y Figueroa funda el Convento Dominico de San Juan de Ortega, los religiosos de este convento se encargarían de dos funciones: la asistencia religiosa y la enseñanza de las primeras letras. Además en este convento se albergará la imagen de San Roque, en torno a la cual se organiza una fiesta que en el siglo XVIII suscita un enfrentamiento con Arucas, parroquia a la que pertenecía Firgas, porque los vecinos de esta última localidad se niegan a participar en las fiestas en honor al santo patrón aruquense San Juan y no pagan la parte correspondiente de la contribución para el mantenimiento de estas fiestas. Estos comportamientos, más allá del conflicto o de la disputa económica, manifiestan la existencia entre los vecinos de Firgas de un sentimiento de pertenencia a una realidad socio-política distinta, canalizada en este caso a través de la socialización que propicia un evento religioso de estas características. San Roque, de alguna forma que se nos escapa, aglutinó los sentimientos de comunidad e identidad local de los vecinos de Firgas.
Como ya hemos mencionado, en 1835, Firgas consigue ser un municipio independiente de Arucas, tras haber sido anulado el primer ayuntamiento constitucional surgido de la promulgación de las Cortes de 1812 y sustituirlo por otro absolutista cuando Fernando VII accede al poder. Pero también esta es la fecha del Decreto de Desamortización de los Bienes del Clero Regular, que afectó sobre todo a los frailes del Convento de San Juan de Ojeda, que vivían de las limosnas del vecindario, y los abocará a la extinción. Sus bienes rústcos y urbanos saldrán a subasta, aumentando el patrimonio del recién nacido ayuntamiento.
Será en el siglo XIX cuando se aprecie el mayor aumento de la población, lo cual supuso la desaparición de muchos espacios boscosos por la necesidad de esta nueva población de tierras para su sustento. Así vemos como en 1801 se reparten 70 fanegadas de tierras entre 20 propietarios, siete años más tarde se repartían nuevos lotes y en 1823 se producen nuevas y numerosas roturaciones.
En la actualidad, la riqueza principal del municipio está constituido por la agricultura (cultivos ordinarios y plataneras), siendo cultivo característico del municipio los berros, muy utilizados en la gastronomía canaria. Asimismo en el Barranco de las Madres se halla la planta embotelladora de agua más importante de Canarias.